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PHILIP K. DICK

Philip Kindred Dick
nació el 16 de diciembre, en Chicago. Jane, su
hermana gemela, murió trágicamente pocas semanas
después y este episodio fue una parte dominante de
su vida y obra.
Sus padres se
divorciaron en 1932 y Dick se quedó con su madre
hasta 1946 en que se fue a vivir solo pese a su
asma y sus ataques de agorafobia. Dos años más
tarde se casó por primera vez (lo haría en cuatro
oportunidades más).
De muy joven comenzó a leer y escribir ciencia
ficción y en su adolescencia publicó regularmente
historias cortas en el Club de Autores Jóvenes,
una columna del Berkeley
Gazette.
Obra: Lotería
Solar (1955), su primer éxito, tras el cual
llegarían El hombre del castillo (1962),
ganadora del Premio Hugo 1963, Tiempo de Marte
(1964), Los tres estigmas de Palmer
Eldricht (1965), Ubik (1969), Fluyan
mis lágrimas (1974), SIVAINVI, La
invasión divina (1981), La transmigración
de Timoty Archer (1982)y muchas otras. También
escribió decenas de relatos breves.
Se relacionó con la
contracultura californiana previa a los 60,
simpatizó con los poetas beats y estuvo vinculado
al comunismo. Ferviente opositor a la guerra de
Vietnam el FBI le abrió un expediente a causa de
su postura.
Entre 1963 y 1964
escribió once novelas retirado en una cabaña para
alejarse de sus conflictos (conyugales, adicciones
e intentos de suicidio). Es más reconocido en
Europa que en EEUU, y aún ha superado a escritores
emblemáticos del género como Bradbury, Asimov o
Clarke. Su popularidad creció luego de su muerte.
A partir de entonces sus novelas adaptadas al cine
han tenido una efusiva respuesta del público.
En sus obras los
personajes descubren recurrentemente que sus seres
queridos y aún ellos mismos son robots,
alienígenas, seres sobrenaturales, espías o
simples hombres sujetos a manipulaciones
superiores, tal vez residuos de su experimentación
con drogas sicoactivas aunque él negara su
influencia en la creación literaria.
A la administración
de pentotal sódico para una extracción molar se le
adjudica el inicio de sus visiones que se
prolongarían durante mucho tiempo, dando lugar a
una profusa imaginación (declararía ser Tomás, un
cristiano perseguido por los romanos del siglo I),
y junto con ellas a un patológico desdoblamiento
de su personalidad.
Murió el 2 de marzo
de 1982 a causa de un paro cardíaco dejando un
libro inconcluso. Sus hijos, Laura, Isa y
Cristopher, mediante una página virtual, siguen
enriqueciendo la controvertida historia de Dick
mediante la difusión de anécdotas, hechos y
episodios desconocidos de su vida.
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En primer lugar, definiré
lo que es la ciencia ficción diciendo lo que no es. No
puede ser definida como "un relato, novela o drama
ambientado en el futuro", desde el momento en que
existe algo como la aventura espacial, que está
ambientada en el futuro pero no es ciencia ficción; se
trata simplemente de aventuras, combates y guerras
espaciales que se desarrollan en un futuro de
tecnología super-avanzada. ¿Y por qué no es ciencia
ficción? Lo es en apariencia, Y Doris Lessing, por
ejemplo, así lo admite. Sin embargo, la aventura
espacial carece de la nueva idea diferenciadora que es
el ingrediente esencial. Por otra parte, también puede
haber ciencia ficción ambientada en el presente: los
relatos o novelas de mundos alternos. De modo que si
separamos la ciencia ficción del futuro y de la
tecnología altamente avanzada, ¿a qué podemos llamar
ciencia ficción?
Tenemos un mundo ficticio;
éste es el primer paso. Una sociedad que no existe de
hecho, pero que se basa en nuestra sociedad real; es
decir, ésta actúa como punto de partida. La sociedad
deriva de la nuestra en alguna forma, tal vez
ortogonalmente, como sucede en los relatos o novelas
de mundos alternos. Es nuestro mundo desfigurado por
el esfuerzo mental del autor, nuestro mundo
transformado en otro que no existe o que aún no
existe. Este mundo debe diferenciarse del real al
menos en un aspecto que debe ser suficiente para dar
lugar a acontecimientos que no ocurren en nuestra
sociedad o en cualquier otra sociedad del presente o
del pasado. Una idea coherente debe fluir en esta
desfiguración; quiero decir que la desfiguración ha de
ser conceptual, no trivial o extravagante... Ésta es
la esencia de la ciencia ficción, la desfiguración
conceptual que, desde el interior de la sociedad,
origina una nueva sociedad imaginada en la mente del
autor, plasmada en letra impresa y capaz de actuar
como un mazazo en la mente del lector, lo que llamamos
el shock del no reconocimiento. Él sabe que la lectura
no se refiere a su mundo real.
Ahora tratemos de separar
la fantasía de la ciencia ficción. Es imposible, y una
rápida reflexión nos lo demostrará. Fijémonos en los
personajes dotados de poderes paranormales; fijémonos
en los mutantes que Theodore Sturgeon plasma en su
maravilloso Más que humano. Si el lector cree
que tales mutantes pueden existir, considerará la
novela de Sturgeon como ciencia ficción. Si, al
contrario, opina que los mutantes, como los brujos y
los ladrones, son criaturas imaginarias, leerá una
novela de fantasía. La fantasía trata de aquello que
la opinión general considera imposible; la ciencia
ficción trata de aquello que la opinión general
considera posible bajo determinadas circunstancias.
Esto es, en esencia, un juicio arriesgado, puesto que
no es posible saber objetivamente lo que es posible y
lo que no lo es, creencias subjetivas por parte del
autor y del lector.
Ahora definiremos lo que es
la buena ciencia ficción. La desfiguración conceptual
(la idea nueva, en otras palabras) debe ser
auténticamente nueva, o una nueva variación sobre otra
anterior, y ha de estimular el intelecto de lector;
tiene que invadir su mente y abrirla a la posibilidad
de algo que hasta entonces no había imaginado. "Buena
ciencia ficción" es un término apreciativo, no algo
objetivo, aunque pienso objetivamente que existe algo
como la buena ciencia ficción.
Creo que el doctor Willis
McNelly, de la Universidad del Estado de California,
en Fullerton, acertó plenamente cuando afirmó que el
verdadero protagonista de un relato o de una novela es
una idea y no una persona. Si la ciencia ficción es
buena, la idea es nueva, es estimulante y, tal vez lo
más importante, desencadena una reacción en cadena de
ideas-ramificaciones en la mente del lector, podríamos
decir que libera la mente de éste hasta el punto que
empieza a crear, como la del autor. La ciencia ficción
es creativa e inspira creatividad, lo que no sucede,
por lo común, en la narrativa general. Los que leemos
ciencia ficción (ahora hablo como lector, no como
escritor) lo hacemos porque nos gusta experimentar
esta reacción en cadena de ideas que provoca en
nuestras mentes algo que leemos, algo que comporta una
nueva idea; por tanto, la mejor ciencia ficción tiende
en último extremo a convertirse en una colaboración
entre autor y lector en la que ambos crean... y
disfrutan haciéndolo: el placer es el esencial y
definitivo ingrediente de la ciencia ficción, al
placer de descubrir la novedad.
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