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ISIDORO BLAISTEN

Isidoro Blaisten
(1933 / 2004) nació en Concordia, Entre Ríos. Fue
librero, redactor publicitario, colaboró en los
diarios La Nación y Clarín, incursionó en la
fotografía, pero en esencia fue un notable poeta y
escritor.
La primera
publicación fue el libro de poemas Sucedió en
la lluvia (1965) y su primer cuento publicado
El tío Facundo (1968), en la revista Sur.
Luego llegaron
La felicidad (1969), La salvación
(1972), Dublín al sur y otros relatos
(1980), Cerrado por melancolía
(1981), Anticonferencias (1983), Cuentos
anteriores (1984), A mí nunca me
dejaban hablar (1985), Carroza y
Reina (1986), El mago (1991), Cuando
éramos felices (1992) y Al acecho
(1995).
Alfaguara Juvenil
lo incluyó en la antología Escritos de amor.
Existe también una Antología Personal
(1997) presentada por él mismo y publicada por el
Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos,
trabajo que incluye algunos ensayos.
Sus cuentos figuran
en numerosas antologías latinoamericanas. Ha sido
traducido al inglés, alemán y francés. Recibió
diversos premios: Fondo Nacional de las Artes,
Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, Nacional
de Literatura, Mejor Libro 1995, Konex y la Faja
de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.
Sus relatos
costumbristas son verdaderas pinceladas de un
artista que reúne personajes, a veces grotescos,
de inconfundible cuño porteño, capaces de
arrastrar a Buenos Aires e instalarlo en un
castillo irlandés (Dublín al sur).
Ironía y humor en
un lenguaje coloquial remiten a Cortázar, pero con
un lunfardo que define su estilo personal.
Divierte y conmueve, enlazando con rara habilidad
el estrépito de la palabra con la ternura del
mensaje (Balada del boludo).
Heredero de la
tradición cuentística rioplatense, aseguraba poder
justificar su vida escribiendo cinco cuentos
perfectos, y definió al mismo como “aquel que
permanece tocando el corazón de la gente más allá
del entendimiento y la lucidez”. Él lo logró. |
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"Balada del boludo" integra
El
perfecto boludo
Por
mirar el otoño
perdía el tren del verano.
Usaba el corazón en la corbata.
Se subía a una nube,
cuando todos bajaban.
Su
madre le decía:
No mires las estrellas para abajo,
no mires la lluvia desde arriba.
No camines las calles con la cara,
no ensucies la camisa;
no lleves tu corazón bajo la lluvia, que se moja.
No des la espalda al llanto,
no vayas vestido de ventana,
no compres ningún tílburi en desuso.
Mirá
tu primo el recto
que duerme por las noches.
Mirá tu primo el justo
que almuerza y se sonríe.
Mirá tu primo el probo
puso un banco en el cielo.
Tu cuñado el astuto
que ahora alquila la lluvia.
Tu otro primo el sagaz
que es gerente en la luna.
—Tienes razón, mamá —dijo el boludo
y se bebió una rosa.
—No seré más boludo—
y se bajó del viento.
—Seré astuto y zahorí—
y dio vuelta una estrella para abajo
y se metió en el subte
y quedaron las gaviotas.
Entonces vinieron los parientes ricos
y le dijeron:
—Eres pobre, pero ningún boludo.
Y el boludo fue ningún boludo
y quemaba en las plazas
las hojas que molestan en otoño.
Y llegó fin de mes.
Cobró su primer sueldo
y se compró cinco minutos de boludo.
Entonces vinieron las fuerzas vivas
y le dijeron:
—Has vuelto a ser boludo, boludo.
—Seguirás siendo el mismo boludo de siempre.
—Debes dejar de ser boludo, boludo.
Y
medio boludo,
con esos cinco minutos de boludo,
dudaba entre ser ningún boludo
o seguir siendo boludo para siempre.
Dudaba como un boludo.
Y subió las escaleras para abajo,
hizo un hoyo en la tierra
miraba las estrellas.
La gente le pisaba la cabeza,
le gritaba boludo.
Y él seguía mirando
a través de los zapatos
como un boludo.
Entonces vino un alegre y le dijo:
—Boludo alegre.
Vino un pobre y le dijo:
—Pobre boludo.
Vino un triste y le dijo:
—Triste boludo.
Vino un pastor protestante y le dijo:
—Reverendo boludo.
Vino un cura católico y le dijo:
—Sacrosanto boludo.
Vino un rabino judío y le dijo:
—Judío boludo.
Vino su madre y le dijo:
—Hijo, no seas boludo.
Vino una mujer de ojos azules y le dijo:
—Te quiero.
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