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RODOLFO WILCOCK

Juan Rodolfo Wilcock (1919 /
1978) , poeta, dramaturgo y escritor argentino,
nació en Buenos Aires en 1919. Escribió en español
y en italiano.
Fue uno de los más destacados
escritores de la llamada “generación del 40”, que
reunió a un grupo de autores notables que
produjeron por esos años sobre una línea
neorromántica, que más tarde incorporaría
elementos de la literatura surrealista.
El grupo difundía su obra a través
de revistas literarias, entre otras Sur, en
la que Wilcock colaboró y Verde Memoria, de
la que fue director; en ellas publicaba poemas
inconformistas e innovadores que oscilan entre la
melancolía y el sarcasmo.
Entre 1949/53 editó los libros
Poemas y canciones, Ensayos de poesía
lírica, Persecución de las musas menores,
Paseo sentimental, Los hermosos días
y Sexto. Con poco más de 30 años, recibió
el Premio de Poesía de la Sociedad Argentina de
Escritores.
Lingüista y filólogo, dominaba
varios idiomas, aptitud que le valió un contrato
en Roma (1953) para traducir la versión en
castellano de L’Osservatore Romano.
Radicado definitivamente en Italia, allí dio a
conocer gran parte de su obra, llena de crueldad y
humor infrecuentes.
Il caos
(1961), La sinagoga de los iconoclastas
(1972), El templo etrusco (1973), de
reminiscencia kafkiana pero que deviene en humor y
Libro de los monstruos (1978), además de
los libros de poesía Luoghi comuni (1961),
Poesías españolas (1963) y Cancionero
Italiano: 34 poesías de amor (1974),
El estereoscopio de
los solitarios y Hechos inquietantes,
son parte de su producción.
Ubicado en la primera línea de los
intelectuales italianos, cultivó la amistad de
figuras tales como Alberto Moravia y Pier Paolo
Pasolini y hasta llegó a actuar en la película de
este último, El Evangelio según San Mateo, en el
papel de Caifás.
Durante un breve regreso a la
Argentina, compuso con Silvina Ocampo la pieza de
teatro Los traidores (1956). También
cultivó la amistad de Borges y Bioy Casares.
Su profesión de ingeniero, ejercida
en la provincia argentina de Mendoza y luego
abandonada, inspiró su novela L’ingegnere
(1975), escrita originalmente en italiano.
Los últimos años de vida, vivió en
una casa humilde y aislada en Lubiano di Bagno
Regio, provincia de Viterbo, 65 km al noroeste de
Roma, donde permaneció solitario hasta su muerte
en 1978. En 1980 se hizo una edición póstuma de
sus Poesías.
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Harux y Harix han decidido no levantarse
más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el
uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que
lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del
mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a
veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes
que llaman para saber si todo anda bien. Pero también
estas llamadas telefónicas familiares se hacen cada vez
más raras y lacónicas. Los amantes se levantan solamente
para ir al baño, y no siempre; la cama está toda
desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan
cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del
otro, sus miembros místicamente entrelazados.
La primera semana se alimentaron de
galletitas, de las que se habían provisto abundantemente.
Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre
ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes
pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se
devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al
otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor,
como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando se
despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las
horas. No son lindos de ver, eso es cierto,
ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor
está más allá de las convenciones.
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