RAINER MARIA RILKE

Rainer Karl Wilhelm Johann Josef Maria Rilke (1875/1926), poeta alemán, nació en Praga el 4 de diciembre de 1875. A raíz de la muerte de su hermana mayor, la madre lo vistió de niña hasta los cinco años. Su padre lo obligó a estudiar en la Escuela Militar (1886), que califica como “abecedario de horrores” y abandona por problemas de salud (1891).

Estudió literatura, arte y filosofía en Praga y Munich. En disidencia con su familia cambia el nombre René (renacido) por Rainer con el que publica su primer poemario Vida y Canciones (1894). Luego vendrían Ofrenda a los lares (1895) y Coronado de sueños (1896).

Vinculado sentimentalmente a Lou Andreas Salomé (1897), ex-amante de Nietschze y alumna de Sigmund Freud, se separan en 1900 conservando una duradera amistad. Conoce y se casa con Clara Westhoff de quien tiene una hija: Ruth (1901).

Viaja por Europa y Rusia donde conoce a León Tolstoi, mientras trabaja en El libro de horas (1905). En París donde residió entre 1902 y 1914, fue secretario de August Rodin sobre quien escribiera un célebre ensayo.

Conoce a Paul Cézanne e Ignacio Zuloaga y escribe Nuevos poemas (1907), Segunda parte de los Nuevos poemas (1908), Réquiem (1909) y la novela Los cuadernos de Malte Laurids Brigge (1904/10), de corte autobiográfico.

En las Elegía de Duino (castillo cercano a Trieste donde residiera), compuestas entre 1912 y 1922 reflexiona sobre el sentido de la existencia humana con una mirada melancólica. Junto a Los sonetos a Orfeo son sus obras fundamentales. En prosa también destaca Cartas a un joven poeta.

Entre 1914 y 1916 mantuvo un turbulento romance con la pintora Lou Albert-Lasard. En 1923 enferma pese a lo cual continúa produciendo (Gong y Mausoleo) y una nutrida obra lírica en francés. Se vinculó a la artista Baladine (Elizabeth Dorothea Spiro).

Murió de leucemia el 29 de diciembre de 1926 en Val-Mont, Suiza. Su epitafio, motivo de diversas conjeturas, reza: “Rosa, oh contradicción pura, placer, ser el sueño de nadie bajo tantos párpados”. Según el escritor Robert Musil “...llevó la poesía alemana a su consumación total”.

 

 

 

 

CARTAS A UN JOVEN POETA - INTRODUCCIÓN

 

Hemos dividido la obra en once páginas para favorecer su lectura, la introducción y las diez cartas que la integran.

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INTRODUCCIÓN

 

Era en 1902, a fines de otoño. Estaba yo sentado en el parque de la Academia Militar de Wiener Neustadt, bajo unos viejísimos castaños y leía en un libro. Profundamente sumido en la lectura, noté apenas cómo se llegó junto a mí Horacek, el sabio y bondadoso capellán de la Academia, el único entre nuestros profesores que no fuera militar. Me tomó el libro de las manos, contempló la cubierta y movió la cabeza. "¿Poemas de Rainer Maria Rilke?", preguntó pensativo. Y, hojeando luego al azar, recorrió algunos versos con la vista, miró meditabundo a lo lejos, e inclinó por fin la frente, musitando: "Así pues, el cadete Renato Rilke nos ha salido poeta..."

De este modo supe yo algo del niño delgado y pulido, entregado por sus padres más de quince años atrás, a la Escuela Militar Elemental de Sankt Poelten, para que algún día llegase a oficial. Horacek había estado de capellán en aquel establecimiento y aún recordaba muy bien al antiguo alumno. El retrato que de él me hizo fue el de un joven callado, serio y dotado de altas cualidades, que gustoso manteníase retraído y soportaba con paciencia la disciplina del internado. Al terminar el cuarto curso, pasó junto con los demás alumnos a la Escuela Militar Superior de Weisskirchen, en Moravia. Allí, por cierto, echose de ver que su constitución no era bastante recia, y así sus padres tuvieron que retirarlo del establecimiento, haciéndole proseguir estudios en Praga, cerca del hogar. De cómo siguió desarrollándose luego el camino externo de su vida, ya nada supo referirme Horacek.

Por todo ello, será fácil comprender que yo, en aquel mismo instante, decidiera enviar mis ensayos poéticos a Rainer Maria Rilke y solicitara su dictamen. No cumplidos aún los veinte años, y hallándome apenas en el umbral de una carrera, que en mi íntimo sentir era del todo contraria a mis inclinaciones, creía que si acaso podía esperar comprensión de alguien, había de encontrarla en el autor de "Para mi propio festejo". Y sin que lo hubiese premeditado, tomó cuerpo y juntose a mis versos una carta, en la cual me confiaba tan francamente al poeta, como jamás me confié, ni antes ni después, a ningún otro ser.

Muchas semanas pasaron hasta que llegó la respuesta. La carta, sellada con lacre azul, pesaba mucho en la mano, y, en el sobre, que llevaba la estampilla de París, veíanse los mismos trazos claros, bellos y seguros, conque iba escrito el texto, desde la primera línea hasta la última. Iniciada de esta manera mi asidua correspondencia con Rilke, prosiguió hasta el año 1908, y fue luego enriqueciéndose poco a poco, porque la vida me desvió hacia unos derroteros de los que precisamente había querido preservarme el cálido, delicado y conmovedor desvelo del poeta.

Pero esto no tiene importancia. Lo único importante son las diez cartas que siguen. Importante para saber del mundo en que vivió y creó Rainer Maria Rilke. Importante también para muchos que se desenvuelvan y se formen hoy y mañana. Y ahí donde habla uno que es grande y único, deben callarse los pequeños.

Franz Xaver Kappus.
Berlín, junio de 1929.

 

 

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