| |
OLIVERIO GIRONDO

Oliverio Girondo
(1891/1967) es uno de los poetas argentinos cuyo trabajo
más ha influenciado. Realizó sus estudios en el Epson
College de Londres y en el Liceo Luis Le Grand de París.
Se recibió de abogado, aunque nunca ejerció la profesión.
En 1911 inicia su actividad literaria fundando el
periódico Comoedia; tras una breve experiencia teatral
escribe La Madrastra y La comedia de todos los días.
En 1922 aparece en Francia Veinte poemas para ser leídos en el tranvía; luego
publica en Madrid, Calcomanías (1925). Construye en esa época una
fuerte vinculación con los jóvenes que sustentan el
proyecto vanguardista de la literatura argentina, siendo
el autor de la redacción del Manifiesto de la revista
Martín Fierro. Lleva una intensa vida literaria entre
Buenos Aires y diversas capitales de Europa y se vincula
con Salvador Dalí, Federico García Lorca, Rafael
Alberti, Gómez de la Serna y Julles Supervielle. Las
manifestaciones del surrealismo lo tienen como activo
protagonista en París. También decide emprender un viaje
desde Chile hasta México a fin de establecer contactos
con nuevos escritores, representando a las revistas
Proa, Valoraciones y Martín Fierro. Se
radica definitivamente en Buenos Aires en 1931
publicando al año siguiente Espantapájaros (al
alcance de todos) con una desopilante campaña
publicitaria que incluye una carroza fúnebre y un
gigantesco muñeco de papel maché por la Avenida 9 de
julio, logrando agotar en pocos días los 5000 ejemplares
de la edición.
Casado con Nora Lange en 1943, la
pareja hace de su casa un lugar de reuniones literarias,
frecuentada por escritores jóvenes (Enrique Molina,
Alberto Vanasco, Edgar Bayley) quienes lo consideran un
maestro.
Su decisiva ruptura con el
modernismo y sus seguidores, más la vigorosa renovación
de la sacralizada zona poética de las primeras décadas
del siglo, a las que contribuyó de manera notable y
extensa, ubican a Oliverio Girondo como un mojón de la
vanguardia poética en Hispanoamérica. Muere en Buenos
Aires el 24 de enero de 1967.
Entre sus
obras figuran: Veinte poemas
para ser leídos en el tranvía; Calcomanías;
En la masmédula;
Espantapájaros (Al alcance
de todos); Persuasión de los días;
Campo Nuestro;
Interlunio;
Yo tan y; Destino; Topatumba;
Cansancio; Mi
mito; Ella y otros
poemas.
|
|
EX VOTO
A las chicas de Flores
Las chicas de Flores,
tienen los ojos dulces, como las almendras
azucaradas de la Confitería del Molino, y usan moños
de seda que les liban las nalgas en un aleteo de
mariposas
Las chicas de Flores se
pasean tomadas de los brazos para transmitirse sus
estremecimientos, y si alguien las mira en las
pupilas, aprietan las piernas, de miedo de que el
sexo se les caiga en la vereda.
Al atardecer, todas
ellas cuelgan sus pechos sin madurar del ramaje de
hierro de los balcones, para que sus vestidos se
empurpuren al sentirlas desnudas, y de noche, a
remolque de sus mamás —empavesadas como fragatas—
van a pasearse por la plaza, para que los hombres
les eyaculen palabras al oído, y sus pezones
fosforescentes se enciendan y se apaguen como
luciérnagas.
Las chicas de Flores,
viven en la angustia de que las nalgas se les
pudran, como manzanas que se han dejado pasar, y el
deseo de los hombres las sofoca tanto, que a veces
quisieran desembarazarse de él como de un corsé, ya
que no tienen el coraje de cortarse el cuerpo a
pedacitos y arrojárselo, a todos los que pasan por
la vereda.
Buenos Aires, octubre,
1920.
No se me importa un pito
que las mujeres tengan los senos como magnolias o como
pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que
amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento
insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio en una
exposición de zanahorias ¡pero eso sí!
—Y en esto soy
irreductible —no les perdono, bajo ningún pretexto,
que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el
tiempo las que pretenden seducirme!
Ésta fue —y no otra— la
razón de que me enamoras, tan locamente, de María
Luisa.
¿Qué me importaban sus
labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué
me importaban sus extremidades de palmípedo y sus
miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una
verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba
del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la
despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres.
¡Con qué impaciencia yo
esperaba que volviese, volando, de algún paseo por
los alrededores! Allí lejos, perdido entre las
nubes, un puntito rosado. “¡María Luisa! ¡María
Luisa!”... y a los pocos segundos, ya me abrazaba
con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a
cualquier parte.
Durante kilómetros de
silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba
al paraíso, durante horas enteras nos anidábamos en
una nube, como dos ángeles, y de repente, en
tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de
un espasmo.
¡Qué delicia la de tener
una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez
en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de
pasarse los días entre las nubes... la de pasarse
las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una
mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de
atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay
una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o
con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho
centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy
incapaz de comprender la seducción de una mujer
pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda
hacerse el amor más que volando.
Se miran, se presienten,
se desean,
se acarician, se besan,
se desnudan,
se suspiran, se
acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan,
se demudan,
se adormecen,
despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan,
se fascinan,
se mastican, se gustan,
se babean,
se confunden, se
acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen,
se reintegran,
se distienden, se
enarcan, se menean,
se retuercen, se
estiran, se caldean,
se estrangulan, se
aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan,
desfallecen,
se repelen, se enervan,
se apetecen,
se acometen, se enlazan,
se entrechocan,
se agazapan, se apresan,
se dislocan,
se perforan, se
incrustan, se acribillan,
se remachan, se
injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven,
resplandecen,
se contemplan, se
inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan,
se calcinan,
se desgarran, se
muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se
refriegan,
se rehuyen, se evaden y
se entregan.
CANSANCIO
Cansado
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.
Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.
Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada
omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo
hipócrita,
degenerado,
enano.
Cansado,
sobre todo,
de estar siempre
conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me
encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas
piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con
un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos
senos de magnolia,
acariciar la tierra con
un vientre de oruga,
y vivir, unos meses,
adentro de una piedra.
BALAÚA
De oleaje tú de entrega
de redivivas muertes
en el la maramor
plenamente amada
tu néctar piel de pétalo
desnuda
tus bipanales senos de
suave plena luna
con su eromiel y zumbos
y ritmos y mareas
tus tús y más que tús
tan eco de eco mío
y llamarada suya de la
muy sacra cripta mía tuya
dame tu
Balaúa.
CANSANCIO
Y de los replanteos
y recontradicciones
y reconsentimientos sin
o con sentimiento cansado
y de los repropósitos
y de los reademanes y
rediálogos idénticamente bostezables
y del revés y del
derecho
y de las vueltas y
revueltas y las marañas y recámaras y remembranzas y
remembranas de pegajosísimos labios
y de lo insípido y lo
sípido de lo remucho y lo repoco y lo remenos
recansado de los recodos y repliegues y recovecos y
refrotes de lo remanoseado y relamido hasta en sus
más recónditos
reductos
repletamente cansado de
tanto retanteo y remasaje
y treta terca en tetas
y recomienzo erecto
y reconcubitedio
y reconcubicórneo sin
remedio
y tara vana en ansia de
alta resonancia
y rato apenas nato ya
árido tardo graso dromedario
y poro loco
y parco espasmo enano
y monstruo torvo sorbo
del malogro y de lo pornodrástico
cansado hasta el
estrabismo mismo de los huesos
de tanto error errante
y queja quena
y desatino tísico
y ufano urbano bípedo
hidefalo
escombro caminante
por vicio y sino y tipo
y líbido y oficio
recansadísimo
de tanta tanta estanca
remetáfora de la náusea
y de la revirgísima
inocencia
y de los instintitos
perversitos
y de las ideítas
reputitas
y de las ideonas
reputonas
y de los reflujos y
resacas de las resecas circunstancias
desde qué mares padres
y lunares mareas de
resonancias huecas
y madres playas cálidas
de hastío de alas calmas
sempiternísimamente
archicansado
en todos los sentidos y
contrasentidos de lo instintivo o sensitivo tibio
o remeditativo o
remetafísico y reartístico típico
y de los intimísimos
remimos y recaricias de la lengua
y de sus regastados
páramos vocablos y reconjugaciones y recópulas
y sus remuertas reglas y
necrópolis de reputrefactas palabras
simplemente cansado del
cansancio
del harto tenso extenso
entrenamiento al engusanamiento
y
al silencio.
ir arriba
|