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Nueve meses

Entré apresuradamente a la cafetería frente al hospital. Realmente tenía urgencia de un café después de escuchar semejante noticia. Mecánicamente me senté en un rincón y ordené un Latte.

¡De modo que es cierto! Hay algo pequeño y extraño creciendo dentro de mí, algo que seguirá creciendo y creciendo sin freno, destruyendo todo lo que ha sido mi vida hasta el día de hoy.

Poco menos de nueve meses, ha dicho el médico, después de explicarme nerviosamente las alternativas que existen para tratar de eliminarlo. Finalmente, ha insinuado tímidamente que lo mejor es no hacer nada.

La noticia me ha dejado abrumada. Lo único que hago es esforzarme estúpidamente para tratar de recordar el momento, el instante que ha provocado todo esto, como si porno argentina.

¡Diablos! Necesito un cigarro… hace mucho que he dejado de fumar, y no es el momento de empezar de nuevo, pero bueno, que sea el último… este será el primero de muchos cambios que vendrán en los siguientes meses.

De una manera casi brutal le he pedido a la chica que me trajo el café una cajetilla de cigarros. Ella ni siquiera se ha mostrado enfadada. Sólo me mira con curiosidad, acostumbrada, seguramente, a atender a las personas que salen del hospital.

La mesera ha traído los cigarros y se ha retirado junto a la barra, graciosamente adornada con tasas y cafeteras. En el fondo, el otro dependiente prepara un capuchino con la meticulosidad de un artista: vierte la espuma con delectación, con lentitud. Después, gota a gota, vacía el café, que se va al fondo de la taza, simulando un diminuto mar de color oscuro.

Me he concentrado tanto en el improvisado artesano, que de pronto he dejado de pensar, perdiendo la conciencia de mí … de pronto me recupero, sobresaltada. La mesera continúa en la barra, mirándome. ¿Por qué se fijará en mí con tanta insistencia? ¿Será que algo en mi rostro acusa ya mi estado? En realidad, esa insistencia debe estar sólo en mi imaginación.

De cualquier forma, la idea me aterra. No puedo soportar la fotos xxx de ir por la calle, notando como todo mundo voltea a verme y murmura por lo bajo. ¡Eso jamás! Prefiero pasarme el tiempo restante encerrada en casa.

Pero… ¿y la escuela?

En fin… eso importa poco ya; de cualquier manera, en este estado no puedo continuar allí mucho tiempo más. En realidad, ahora es inútil hacer cualquier plan. Sólo debo concentrarme en los próximos nueve meses. Sería ridículo hacer algún proyecto para después.

Y sin embargo, ¡cuántas cosas por atender! Por corregir. Supongo que, en realidad, me dan más miedo los acontecimientos inmediatos que lo que sucederá después.

¡Dios… cómo le digo a mis padres!

De parte de Ricardo no abrigo muchas esperanzas de apoyo. Ya algo le he insinuado, y de inmediato ha empezado a alejarse. Ahora que le confirme la noticia, seguramente desaparecerá. No se lo reprocho, después de todo, pues en realidad es bien poco lo que él podría hacer.

¿Pero cómo le digo a mis padres? No puedo ni siquiera imaginarlo. Quisiera poder quedarme siempre aquí, con la silenciosa mesera y el pretencioso orfebre del café.

Al menos es un lugar agradable, fresco y callado, decorado en un marcado estilo Art-Déco. Lo que no me agrada es esa enorme ventana que mira hacia el hospital… deberían disimular esa vista tan poco agradable.

Justo ahora sale una pareja de allí. Ella se ve emocionada, feliz. Casi se diría que quisiera brincar como una chiquilla. Su marido -supongo que debe serlo- la mira, jubiloso… ¿Por qué yo no pude salir así del terrible edificio?

Se hace tarde. Es necesario que vaya a casa… pero… ¿y mis padres? Al menos, sé perfectamente cómo reaccionarán. Aunque eso no hace menos difícil enfrentarlos.

Mamá, siempre encantadora en su simpleza, se pondrá llanamente a llorar. Llorará toda la noche, y mañana, al levantarse, adoptará su papel de madre cariñosa y sólo dedicará estos nueve meses a cuidarme.

Con papá es otra historia. Me escuchará en silencio, se levantará igualmente silencioso y me abrazará. Y mientras empezará a argumentar que quizá haya un error, que es necesario consultar otro médico. Y así seguirá hasta que mi estado sea tan evidente que no pueda negarlo.

Lo más duro xxx es que ninguno de los dos admitirá que están asustados, tan asustados como lo estoy yo ahora. Me pregunto para quien será peor: para ella, que claudica al miedo, o para él, que lo niega.

En fin. Es necesario decidirse y abandonar el café. Ahora que voy por las calles, me doy cuenta que mis sentidos están embotados. Todo lo veo borroso, y los ruidos de la cuidad llegan a mí como si tuviera unos almohadones cubriendo mi cabeza. Y todo tiene el aspecto de moverse lentamente.

Me siento ajena a todo lo que me rodea. Es natural, después de todo, porque mi vida ya no me pertenece. Ahora le pertenece a algo que crece dentro de mí.

Sólo la entrada del metro disipa mi aturdimiento. He tenido una idea fugaz… pero sé que es sólo una fantasía, una evasión. A pesar del miedo que me provoca el futuro, jamás podría arrojarme al subterráneo.

Finalmente estoy frente a casa, frente a esa fachada que me ha visto crecer. Un sollozo quiebra mi resolución y tengo que detenerme en el porche a llorar amargamente.

Pero necesito recomponerme, necesito reunir toda mi energía para mostrarme tranquila y firme. Necesito reunir todo el valor que tengo para enfrentarme a mis padres y decirles que el cáncer ha vuelto y que moriré en nueve meses.